DOMINGO DE RAMOS EN DIÓCESIS DE SAN JOSÉ DE MELIPILLA

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El domingo 2 de abril se celebró el tradicional Domingo de Ramos, durante tres momentos distintos del día en la Catedral de la diócesis de Melipilla. La más concurrida se desarrolló al mediodía, con cerca de 1.200 asistentes, y fue presidida por el obispo Don Cristián Contreras Villarroel, y concelebrada por el vicario general y párroco de Catedral Parroquia San José de Melipilla, P. Víctor Fernández.

 

Participaron los miembros de la parroquia, los ministros de la comunión, acólitos, los niños de la catequesis, sus familias y catequistas.

 

En recuerdo de la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, a las 11:30 horas se realizó la bendición de los ramos en la Plaza de Armas y la procesión avanzando hasta el templo para celebrar la Santa Misa.

 

Al inicio de la plegaria eucarística el obispo invitó a todos los niños presentes a subir al presbiterio y hacerlos partícipes activos con sus ramos al momento del canto del Santo y estar vecinos al momento de la Consagración.

 

Monseñor Cristián recordó que con el Domingo de Ramos “iniciamos los días más importantes de nuestra fe. Son los días santos de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. Sin ellos nuestra vida carecería de sentido y como dice San Pablo: “si Cristo no ha resucitado, seríamos los más desgraciados de todos los seres humanos” (1 Corintios 15, 19). Son los días en que se manifiesta la misericordia de nuestro Padre Dios en toda su grandeza. Estos santos días son una invitación a dejarnos abrazar por el corazón misericordioso de Dios”.

 

Agregó que “en el Domingo de Ramos aclamamos al Señor presente en nuestras ciudades, campos y en la larga costa de nuestra diócesis. Es el día para abrir las puertas del corazón, de la parroquia, de cada hogar. Es el día para abrir los labios y cantar: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”; ¡Bendito el Padre Dios que te envió y la Virgen que te dio a luz!; “¡Dichosos los pechos que te amamantaron!”, gritó una anónima mujer que lo escuchó y conoció el bien que hacía”.

 

Explicó el obispo que el Domingo de Ramos es el día del Señor donde acuden millares y millares de personas a los templos. “Esa es la grandeza de los signos. Todos queremos tener signos de importancia en nuestras vidas: algo palpable, visible. Todos queremos tener un ramo que nos acompañe en nuestras casas o en los lugares donde se desarrolla nuestra existencia, especialmente en el dolor y el sufrimiento”.

 

En su homilía don Cristián se refirió también a las distintas realidades sociales y a perseverar en la esperanza. Citando al Papa Francisco en su mensaje a los jóvenes les dijo: “Por favor, ¡no se dejen robar la esperanza! ¡No se dejen robar la esperanza! Esa que nos da Jesús” (Domingo de Ramos, 24 de marzo de 2013).

 

“Si en años pasados celebramos Semana Santa en el contexto de la pandemia, hoy lo es por la dolorosa situación de la delincuencia, el narcotráfico, la trata de personas, los asesinatos de Carabineros y los que sufren violencia en el Sur y el Norte. Todo esto lo padece nuestra patria. En este contexto quiero expresar mi gratitud a las familias de migrantes que han escapado de regímenes totalitarios y populistas. Los migrantes han aportado a Chile desde su cultura, gastronomía, servicio a las familias con personas adultas y desde sus profesiones como personas competentes en el campo de la salud. ¡Gracias por su aporte a Chile!”, destacó.

 

“En este Domingo de Ramos en Melipilla con las consecuencias de una sequía que agobia los campos y sus frutos, que hace temer por los animalitos y con la angustia de un eventual racionamiento de agua para los hogares, tenemos la tarea de orar por la lluvia y esperar en la Providencia de Dios. Contemplemos a Jesús. Él pasa de la muerte a la vida”, finalizó.

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