El sentido de los días de Semana Santa

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Por Roberto Sepúlveda M. 

Semana Santa celebra el misterio pascual de Cristo, por ello es la semana central del ciclo litúrgico. En torno a ella giran las celebraciones de todo el año. Antiguamente se denominaba Semana Mayor. La semana se compone de dos partes: el final de la Cuaresma (de Domingo de Ramos a Miércoles Santo) y el Triduo Pascual (jueves, viernes y sábado-domingo). Es el tiempo de mayor intensidad litúrgica de todo el año.

En la dinámica propia de esta semana se pueden descubrir cuatro aspectos. En primer lugar, el sacramental que culmina con la celebración de la noche de Pascua. En las primeras comunidades el Triduo Pascual era la celebración gozosa del “día en que actuó el Señor”, como memorial de la liberación realizada por Dios en Jesucristo. Las primeras comunidades introdujeron la práctica del ayuno en señal de duelo por la crucifixión de Jesús. En un segundo momento se sumó la celebración bautismal. Los nuevos cristianos se incorporaban a la comunidad a través del bautismo, celebrado durante la Vigilia Pascual. La Cuaresma era el tiempo de preparación al bautismo y la Pascua, la plenitud bautismal y eucarística.

En segundo lugar, el aspecto psicológico, constituido por las representaciones de los hechos históricos, como la procesión de ramos, el lavatorio de pies del Jueves Santo y la adoración de la cruz en Viernes Santo. Son “dramatizaciones” litúrgicas con sello popular.

En tercer lugar, está el aspecto funcional que tiene que ver con la preparación de algunas celebraciones, como la bendición de los ramos, el monumento del jueves o la consagración de los óleos que, de alguna manera han ensombrecido las celebraciones.

Por último, las manifestaciones de religiosidad popular, concretadas por la superposición de actos religiosos populares, como procesiones, preparación del monumento, la hora santa, viacrucis, representaciones teatrales, etc. 

El origen de estas manifestaciones se debe, probablemente, a cuando la liturgia se celebraba en latín y el pueblo construyó su propia liturgia. La celebración pascual salió de los templos a las plazas, calles y campos usando símbolos más accesibles. Estas manifestaciones se extendieron a otras fiestas litúrgicas oficiales.

 

Domingo de Ramos.

La Semana Santa se inaugura con el Domingo de Ramos. Este día celebra las dos caras del misterio pascual: la vida o el triunfo, mediante la procesión de ramos en honor de Cristo Rey, y la muerte o el fracaso, con la lectura de la Pasión correspondiente al evangelio del año. Este año se proclama la Pasión según Mateo. Por ello, este domingo puede ser llamado “de Ramos” (cara victoriosa) o “de Pasión” (cara dolorosa). Comprende dos celebraciones: la procesión de ramos y la eucaristía. Lo central en la primera parte es la celebración del triunfo de Jesús y no el ramo bendito, en la segunda, la proclamación solemne de la Pasión que se sella en la eucaristía.

Lunes, martes y miércoles

Estos días pertenecen aún a la Cuaresma, incluida la celebración del jueves en la mañana. Generalmente se destinan a la celebración comunitaria de la reconciliación. Las lecturas bíblicas de las eucaristías de estos días van preparando a la comunidad para las celebraciones del triduo santo.

Jueves Santo

El Triduo Pascual comienza con la eucaristía vespertina de la cena del Señor del Jueves Santo, día de reconciliación, memoria de la eucaristía y puerta de entrada de la pasión. Se celebra lo que Jesús vivió en la cena de despedida. Durante la última cena, Jesús instituyó la Eucaristía y el sacerdocio, comprendido como prolongación de su servicio expresado en el lavado de los pies y el servicio eucarístico como renovación constante de su entrega salvadora. La celebración eucarística finaliza con el traslado del Santísimo al monumento y un momento de adoración. El templo se desviste de todos los signos en espera de la buena noticia de Jesús resucitado que se proclama en la vigilia pascual.

 

Durante la mañana del jueves se celebra la misa crismal. En esta celebración están convocados todos los sacerdotes y diáconos de la diócesis y las comunidades cristianas. La celebración comprende dos signos muy significativos. El primero es la consagración de los óleos, que serán usados en la celebración del bautismo, las ordenaciones sacerdotales y diaconales y el aceite usado para la unción de los enfermos. El segundo, es la renovación de las promesas sacerdotales ante el obispo y la comunidad. En muchas diócesis y por razones prácticas esta celebración ha sido traslada al miércoles en la tarde.

 

Viernes Santo

Este día no se celebra la eucaristía. El día está centrado en la celebración de la Pasión del Señor y la cruz. Esta celebración tiene dos partes: la liturgia de la palabra en la que se proclama solemnemente la Pasión y la liturgia eucarística en la que se distribuye la comunión reservada en el monumento. En muchas comunidades esta se reemplaza por el viacrucis celebrado por las calles.

 

Sábado Santo

Este día tampoco se celebra la eucaristía. Se divide en dos momentos: el sábado hasta la celebración de la vigilia y la vigilia propiamente tal. Sábado significa reposo. La comunidad celebra el tiempo en que Jesús reposa en el sepulcro. Suele aprovecharse para realizar una mañana de retiro comunitario. Es una mañana de oración que nos prepara para la celebración de la resurrección de Jesús.

 

La Vigilia Pascual

La vigilia pascual es la celebración más importante del año. Es la culminación de la Semana Santa y el eje de toda la vida cristiana. San Agustín la llamó “madre de todas las vigilias”. Sin embargo, para mucha gente parece más importante el Viernes Santo. El centro de la vigilia pascual es la resurrección de Jesús, base de la confesión de fe, comunicación de nueva vida e inicio de una nueva relación con Dios. La noche del sábado es noche de velar. La vigilia pascual es una larga celebración que cuenta con cuatro partes:

 

  1. a) La liturgia de la luz o del fuego: Se desarrolla caída la noche, fuera del templo, en torno al cirio, símbolo de Cristo, al que siguen los bautizados con sus velas encendidas. Con el fuego se enciende el cirio pascual y con éste se encienden las velas que portan los participantes; se entra en procesión en el templo, adornado de la mejor forma. Dentro del templo se proclama el pregón pascual, canto de esperanza y de triunfo.
  2. b) La liturgia de la palabra: Describe la historia de la salvación. Son fundamentales las lecturas del Génesis (creación), Éxodo (liberación de Egipto), Profetas (habrá una nueva liberación) y Evangelio (proclama de la resurrección). Todo gira en torno a la Pascua del Señor.

 

  1. c) La liturgia del agua: Celebra el nuevo nacimiento. Se desarrolla especialmente cuando hay bautismos, sobre todo de adultos. Se invoca a los santos en las letanías, se bendice el agua, se hace profesión de fe y se renuevan las promesas bautismales.

 

  1. d) La liturgia eucarística: Es la cumbre de la vigilia. La eucaristía pascual anuncia solemnemente la muerte del Señor y proclama su resurrección en la espera de su venida.

 

Domingo de Pascua

Este día está dominado por la proclamación de una gran noticia: ¡Es verdad, Cristo ha resucitado! El acontecimiento pascual, celebrado sacramentalmente en la eucaristía, no se reduce a Cristo y a la Iglesia, se relaciona con el mundo y la historia. La eucaristía pascual es promesa de la Pascua del universo entero (Rm 8, 19-23). Todo está llamado a compartir la Pascua del Señor, que anticipa la reconciliación con Dios y la fraternidad universal. El día de la resurrección, Jesús se encontró con los discípulos de Emaús y comió con ellos. Este y otros son encuentros entre su resurrección y la efusión del Espíritu. Expresan el perdón a los discípulos y la fe en la resurrección. Enlazan los encuentros pre pascuales de Jesús con la eucaristía y la Pascua definitiva.

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