El desafío de ser mujer hoy y el aporte a la Iglesia

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Cada 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer. En ese contexto conversamos con dos mujeres muy activas en distintas actividades en nuestra diócesis para preguntarles qué significa para ellas ser mujer hoy y su aporte a la Iglesia.

Violeta del Carmen Banda Maturana tiene 80 años y vive en Llolleo, San Antonio. Viuda de don Luis Puebla Muñoz, fallecido hace 20 años, tiene dos hijos y cuatro nietos. Buena parte de su tiempo lo dedica a actividades en la Parroquia Santa Luisa de Marillac, de Barrancas, San Antonio, donde sirve como catequista, también integra el Consejo Económico y Pastoral y es coordinadora comunal de los profesores de religión ante la Vicaría de la Educación de nuestra diócesis.

Para ella ser mujer hoy “es sentirse complemento del hombre, a su lado, así fuimos creadas. Ni inferior ni superior: iguales en dignidad y respeto”.

“La mujer con su capacidad de recepción natural, su carisma de proteger, cuidar, nutrir, hacer crecer, siempre ha aportado su esencia a la Iglesia, con su dedicación, su perseverancia, su respeto, y su amor a Dios y al prójimo. Veo en mi parroquia esa dedicación en nuestras catequistas”, agregó Violeta.

“Pienso que hemos avanzado y lo que falta aún es prepararnos, informarnos y principalmente formarnos.

Las catequistas y las mujeres en general, debemos perder el miedo a formarnos y seguir aprendiendo todo lo concerniente a nuestra fe, a lo que dicen las Escrituras, para así poder transmitirlo en nuestra misión evangelizadora. Que se vea la acción de Dios en nosotras, debemos cultivar y hacer crecer nuestra fe para transmitirla a los que no la tienen”, concluyó la catequista.

Norma Muñoz Muñoz, más conocida como hermana María Adela, es miembro de la Congregación Misioneras, Siervas del Espíritu Santo. En su opinión, “ser mujer hoy significa poner en juego todas aquellas cualidades y virtudes que Dios nuestro Padre y Creador nos otorgó desde el inicio de su plan redentor, cuando después de habernos creado a su imagen y semejanza, llama a una mujer a ser colaboradora en su plan de amor”.

“Veo la misión de la mujer como el llamado a establecer lazos de amor, ternura y entrega de la vida como lo más propio para poner alma y espíritu en las relaciones humanas. Ello supone un ideal de alta envergadura no fácil de realizar, pero no imposible tampoco. Es una tarea que se va experimentando y aprendiendo desde la niñez a través de los múltiples detalles de cuidado y ternura amorosa de nuestras madres en su sentido práctico e ingenioso para sacar adelante a los hijos y familia en general”, destacó la hermana María Adela.

“Existe cierto avance en el enriquecimiento y empoderamiento de la mujer, en primer lugar, en el hecho de que ella misma ha tomado conciencia de su dignidad y la importancia de su rol en el hogar y en la sociedad; su propio esfuerzo por estudiar y desempeñarse en carreras profesionales antes vedadas a la mujer; su participación activa en altos cargos estatales, como en otros cargos públicos, todo lo cual ha sido a la vez como un aliciente para un mayor derecho de decisión en el ámbito familiar y en diversos niveles. También a nivel eclesial en la toma de decisiones, en la participación litúrgica y servicios directivos”, concluyó la religiosa.

 No olvidemos las palabras de san Juan Pablo II en su carta apostólica Mulieris Dignitatem sobre el papel de la mujer en el mundo cuando dice que “la Iglesia expresa su agradecimiento por todas las manifestaciones del «genio» femenino aparecidas a lo largo de la historia, en medio de los pueblos y de las naciones; da gracias por todos los carismas que el Espíritu Santo otorga a las mujeres en la historia del Pueblo de Dios, por todas las victorias que debe a su fe, esperanza y caridad; manifiesta su gratitud por todos los frutos de santidad femenina”.

 

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