Vivimos tiempos complejos, marcados por conflictos crecientes en el mundo y también por tensiones en nuestra sociedad chilena. Ante este escenario, resuena con más fuerza que nunca el llamado de la Iglesia a ser constructores de justicia y mensajeros de paz.
El Papa Francisco —y ahora también nuestro nuevo Santo Padre, el Papa León XIV— han insistido en que no puede haber paz sin justicia, ni justicia sin verdad, ni verdad sin amor. Nos urge volver a las bienaventuranzas, a los gestos de Jesús, a una Iglesia que acompañe y anuncie el Reino de Dios desde la compasión y la esperanza.
En esta edición de Iglesia en Salida, reflexionamos precisamente sobre ese llamado. La justicia social, el respeto por la vida humana en todas sus etapas, la acogida de los más vulnerables y el cuidado de nuestros mayores en este invierno tan crudo: todo ello forma parte de la construcción de la paz.
Nos duele profundamente que nuevamente se intente legislar sobre el aborto, desconociendo el valor único e irrepetible de cada vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. Invitamos a leer con atención las declaraciones de nuestros
obispos, quienes buscan hacer visible una verdad profunda: la vida es un don, no un derecho sobre el cual disponer.
También compartimos en estas páginas testimonios de quienes se entregan por amor en el día a día: voluntarios de comedores parroquiales, campañas de invierno, gestos anónimos de solidaridad concreta. Nos sentimos profundamente agradecidos por esas manos que abrigan cuerpos y también corazones.
Este mes hemos celebrado fiestas que nos iluminan en nuestro camino de fe: Pentecostés, la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, la Virgen del Carmen, la Asunción de María y San Pedro. Todas ellas nos recuerdan que la Iglesia no es un edificio de piedra, sino un pueblo en marcha, lleno del Espíritu, que ama, sirve y anuncia.
Finalmente, en este mes de agosto les invito a renovar su compromiso con la Iglesia a través de la Campaña del 1%. Nuestro aporte es más necesario que nunca para sostener obras, parroquias y servicios que anuncian el Evangelio con acciones concretas.
Confiamos en la promesa de Jesús: “Mi paz les dejo, mi paz les doy”. Que sepamos recibir esa paz, y también sembrarla donde más falta hace.
Con afecto,
† Monseñor Cristián Contreras Villarroel
Obispo de San José de Melipilla
