MARÍA, LA MADRE QUE ACOMPAÑA CADA PASO

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Hermana Verónica Yumani Bazan – Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María

En el Mes de María, la hermana Verónica comparte cómo la Virgen ha sido luz y guía constante en su vocación religiosa y en su servicio a los jóvenes. Desde pequeña, la hermana Verónica Yumani Bazan aprendió que la fe se cultiva en lo cotidiano. Nacida en una familia humilde y profundamente católica, recuerda con gratitud los días en que, junto a sus padres y hermanos, se reunían cada tarde para rezar el Santo Rosario.

“Hasta el día de hoy seguimos rezándolo en familia — cuenta —. Somos de misa dominical y festiva. Así fui conociendo la devoción a la Santísima Virgen María”. A los 17 años ingresó a la congregación Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y de
María, donde su amor por la Virgen se hizo más profundo. “Desde entonces mi fe fue creciendo cada día más — dice con serenidad —. Para mí, ella es algo muy especial y sagrado. En mi camino de discernimiento siempre siento su compañía; me va iluminando cada paso, y eso perdura hasta hoy”.

Entre las actitudes de María que más la inspiran, destaca la contemplación: “Ella me enseña a tener una disponibilidad humilde en el servicio. Me siento unida a la Virgen en el servicio, porque estoy atenta a todo aquel que necesita ser escuchado”.

“Ella me enseña a tener una disponibilidad humilde en el servicio. Me siento unida a la Virgen en el servicio, porque estoy atenta a todo aquel que necesita ser escuchado”.
Su forma de vivir la misión entre los jóvenes es reflejo de ese espíritu mariano. “Siempre los recibo con respeto, los escucho con atención y les brindo una acogida fraterna.
No es tarea fácil; debo ir paso a paso ganándome su confianza, la de ellos y la de sus familias”. En ese caminar, encuentra fuerza en la oración: “Logro una respuesta positiva uniéndome a la Eucaristía y a la oración con Nuestra Madre”.

Para la hermana Verónica, María es un espejo de todo el camino de fe. “Destacamos junto a los jóvenes los momentos vividos por la Virgen: su gozo en la Encarnación, su dolor en la Pasión de su Hijo, su gloria en la coronación como Reina y Madre de toda la creación, y también su presencia en los momentos luminosos, acompañando a su Hijo y en la Eucaristía”.

En este Año Jubilar, su invitación es clara y sencilla: “Peregrinar con María, rezando el Rosario, y sobre todo hacerlo en familia. Cada hogar puede tener un pequeño altar adornado a la Virgen en un rinconcito de la casa. Podemos ofrecerle cada día una flor y rezar tres Ave Marías por las vocaciones sacerdotales y religiosas”.

Con gratitud y serenidad, la hermana Verónica concluye su testimonio con una certeza que la sostiene cada día: “Mi vida consagrada se alimenta en la oración, en la meditación de la Palabra y en la Eucaristía diaria. Junto a la Virgen María me siento acompañada y bendecida. Ella está siempre conmigo, en cada paso de mi vocación”.

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