JMJ LISBOA: LA ALEGRÍA DEL ENCUENTRO CON CRISTO DE JÓVENES PEREGRINOS DE NUESTRA DIÓCESIS

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Cada Jornada Mundial de la Juventud es siempre una nueva experiencia renovadora en la fe para millones de jóvenes que acuden de todas partes del mundo a vivir un verdadero encuentro con Jesucristo junto al Papa.

 

En esta oportunidad la cita fue en Lisboa, Portugal, la que congregó a más de un millón y medio de peregrinos, de los cuales cerca de 2.000 fueron chilenos. Algunos de ellos también de nuestra diócesis, como Aileen Alday perteneciente a la Pastoral Juvenil de Melipilla, específicamente a la parroquia San Francisco de Asís de El Monte, y Alonso Ramírez, Coordinador de la Pastoral Juvenil de la parroquia de El Monte, quienes nos relataron sus testimonios.

 

 

Para Aileen Alday la experiencia fue importante y significativa desde la pre jornada, sintiéndose amada por Dios y su Iglesia desde el primer momento: “Noté especial cariño esa semana de parte de quienes nos recibieron —familias de acogimiento—, donde llegamos a establecer vínculos con los fieles de la parroquia San Pedro de Aradas en Aveiro y con los jóvenes de otras naciones con los que compartimos: venezolanos, alemanes, brasileños, portugueses y chilenos de otras regiones. Llegamos a ser una familia numerosa, que, sin entender bien cada idioma, nos unía la fe en Cristo. Logramos establecer una amistad que perduró durante toda la jornada”, explicó.

 

Cuenta que, para ella, el llamado del Papa Francisco a acoger a todos y de ser una Iglesia abierta la hizo reflexionar sobre el rol de los jóvenes como parte de ésta. “No basta con vivir fuera y dentro de los templos el Evangelio, sino que desde la juventud crear una Iglesia que acoge, que escucha y lo más importante que no juzga. Cristo nos ama gratuitamente, nos llama por nuestro nombre y tal cual como somos. Siento que eso dejó rastro no sólo en los cristianos que estábamos presentes, sino que también en quienes siguieron la JMJ desde distintos lados del mundo por medio de la televisión, radio y redes sociales”.

 

A Aileen le impresionó conocer Lisboa, “es una ciudad hermosa, llena de colores, de cánticos de alabanza juveniles en general, ¡hasta villancicos escuché en un bus camino a una de las actividades!”, comenta sorprendida, y agrega “vivimos en una época donde es común ver a los jóvenes preocupados y ocupados en otras cosas o creencias más míticas, incluso burlándose de quienes aún creemos en Dios”.

“Desde la pre jornada en Aveiro, se notó un especial cuidado en mostrar que la cristiandad se puede vivir en todos los lugares: desde el trabajo, el estudio, la familia, los amigos, etc. y este mensaje culmina con el despertar luego de la vigilia donde el “curita Dj” le puso ritmo al amanecer en el río Tejo. Lo noté como una señal que el ser católico no significa ser un joven fome”, destacó.

 

Como conclusión a la experiencia que le tocó vivir por primera vez, Aileen señala que “me siento interpelada por las palabras del Papa, donde llama a los jóvenes a ser como María al salir a ver a su prima Isabel: no esperar que nos pidan hacer algo, sino que salir al encuentro de los otros, a vivir la cotidianidad desde la experiencia del amor de Jesús que es lo único gratuito. Nos invita a vivir siendo misioneros de la alegría. Debemos desconectar para conectar, para ver la realidad que nos rodea y no la realidad maquillada de las redes sociales. No tener miedo, la juventud debe conquistar el mundo y en esta JMJ, el Papa nos exhorta a hacerlo, con nuestros sueños puestos en las manos del Padre amado y siendo presente que da esperanza al futuro”, finalizó.

En el caso de Alonso Ramírez, quien además se desempeña como ministro extraordinario de comunión, esta experiencia lo ayudó a darse cuenta de que son muchos los jóvenes católicos como él que buscan el encuentro con Cristo, “uno piensa que somos pocos en las parroquias, pero eso no es así, hay un mundo entero de jóvenes católicos que vibran, que les motiva seguir al Señor. En mí —el encuentro— fue un antes y un después, porque me di cuenta que no estoy solo, y tal como lo dijo el Papa, en la Iglesia cabemos todos, eso me mueve a seguir en lo que estoy, de abrir los brazos y llamar a toda la gente a que vean lo bueno que es estar con el Señor y lo bonita que es la vida desde este lado”, puntualizó.

 

Recordando la experiencia vivida, a Alonso le llamó la atención que los distintos idiomas que hablaban los jóvenes participantes, no fue una barrera para poder comunicarse, ya que todos estaban llamados al encuentro. “Estuvimos en el encuentro con jóvenes de Alemania que se comunicaban en inglés, y aunque no hablábamos muy bien ese idioma, igual podíamos comunicarnos, porque el hilo conductor era el encuentro con Cristo”.

 

 

La experiencia vivida en la JMJ fue tan significativa para Alonso que volvió con más ganas de seguir participando en sus pastorales y desde ahí poder estar a disposición para que otros jóvenes puedan descubrir lo que significa caminar con Cristo: “Ser joven y ser católico es una bendición y espero que todos puedan vivir esta experiencia, al menos una vez en su vida, porque realmente te llena el alma”, finalizó.

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