LLAMADA A LA SOLIDARIDAD Y JUSTICIA, INVITACIÓN PERMANENTE DE LA IGLESIA

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¿Qué nos dice sobre ello la Doctrina Social de la Iglesia?

Por Hermana Flor Garrido
El Papa León XIV, al saludar el día de su elección, expresó: “Queremos ser una Iglesia sinodal, una Iglesia que camina, una Iglesia que busca siempre la paz, busca siempre la caridad, busca siempre ser cercana, especialmente a quienes sufren”. En su encuentro con los cardenales el 10 de mayo del presente año, les expresó que el Evangelio debe impulsarnos a buscar «con corazón sincero la verdad, la justicia, la paz y la fraternidad».

En la historia de la Iglesia nos encontramos con un gran número de encíclicas de Papas que orientan el actuar en materia social de los creyentes. La encíclica social Rerum novarum de León XIII, promulgada en 1891, subraya que el factor discriminante es el buen o mal uso de los bienes y que todos los hombres «están unidos por el vínculo de una santa fraternidad». Vivir la fraternidad significa comprender que «los bienes de la naturaleza y de la gracia son patrimonio común del género humano». El Papa Francisco, en la encíclica Fratelli tutti, expresó el ideal de una fraternidad humana a partir del texto bíblico de Lucas 10,25-27. En el n° 106 de dicha Encíclica nos dice “Hay un reconocimiento básico, esencial para caminar hacia la amistad social y la fraternidad universal: percibir cuánto vale un ser humano, cuánto vale una persona, siempre y en
cualquier circunstancia”.

La doctrina Social de la Iglesia (DSI) es un conjunto de enseñanzas que guían a los fieles en la construcción de una sociedad más justa y fraterna, basada en los principios del Evangelio. El Pontificio Consejo “Justicia y Paz” elaboró a solicitud del Papa Francisco el Compendio de la doctrina social de la iglesia, (2 de abril de 2004), recogiendo la riqueza del Magisterio de la Iglesia en temas sociales. Entre ellos en sus capítulos VI y VII sobre el principio de solidaridad y los valores fundamentales de la vida Social.

En lo que se refiere al principio de solidaridad en el núm. 192 nos recuerda que diversos documentos magisteriales resaltan como la solidaridad pone en relieve la sociabilidad de la persona humana, la igualdad en dignidad, los derechos de toda persona y la conciencia cada vez más difundida del vínculo de interdependencia entre las personas y los pueblos, destacando que este proceso de interdependencia debe estar acompañado por un crecimiento en el plano ético-social para evitar situaciones de injusticia.

En el núm. 193 nos hace tomar conciencia como la solidaridad es un principio social y una virtud moral. Respeto a la solidaridad como principio social invita a las diversas instituciones que frente a las “estructuras de pecado” que dominan las relaciones entre las personas y los pueblos, creen o modifiquen leyes y reglas de mercado de manera que se transformen en estructuras de solidaridad. La solidaridad como virtud moral, describe, es más que un sentimiento superficial por los males de tantas personas, es una determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, por el bien de todas y cada una de las personas, sabiéndonos y sintiéndonos responsables de todos, acogiendo la invitación del Evangelio a servir y no explotar y oprimir (cf. Mt 10,40-42; 20, 25; Mc 10,42-45; Lc 22,25-27).

El mensaje de la DSI sobre solidaridad (Compendio de la DSI n° 192 al 196) pone en evidencia los vínculos entre solidaridad y bien común, solidaridad y destino universal de los bienes, solidaridad e igualdad entre las personas y los pueblos, solidaridad y paz en el mundo. Nos recuerda que, a la luz de la fe, la solidaridad se debe revestir de dimensiones cristianas como lo son: la gratuidad, el perdón y la reconciliación, así nuestro prójimo se convierte para nosotros en imagen viva de Dios Padre y por tanto, debe ser amado con el mismo amor con el que le ama el Señor que nos lleve a estar dispuestos a dar la vida por los hermanos (cf. Jn 15,13).

Sobre el valor fundamental de la justicia, el compendio de la Doctrina Social en el núm. 201 nos dice que es la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que es debido, lo que se traduce en reconocer al otro como persona. El Magisterio social invita a respetar la justicia: conmutativa (se refiere a la equidad en el intercambio de bienes y servicios entre individuos, asegurando que cada parte reciba lo que le corresponde en función de lo que ofrece), distributiva (Se refiere a la idea de que los recursos y los bienes de una sociedad deben ser distribuidos de manera justa y equitativa entre sus miembros. A la correcta distribución de los bienes y las cargas en una sociedad determinada, es decir, al modo en que una sociedad reparte los beneficios, los deberes y las oportunidades, de cara a la actividad económica) y la legal (se refiere a la aplicación imparcial de las leyes para resolver conflictos y garantizar que se cumplan los derechos y deberes de los individuos).

Los criterios de utilidad y del tener, en el contexto actual, amenazan seriamente la justicia, y ante ello no debemos olvidar que la verdadera justicia está determinada no por una ley, sino por la identidad profunda del ser humano. De igual modo, en el núm. 203 del compendio de la Doctrina Social se nos recuerda que la justicia por sí sola no basta, si no se abre al amor. Nos dice que la justicia junto a la solidaridad son una vía privilegiada para la paz y que será posible cuando se logre la justicia social e internacional, se practiquen las virtudes que favorezcan la convivencia y enseñen a vivir unidos, poniendo todos los esfuerzos en construir una sociedad y un mundo mejor.
Cuando vemos una sociedad tan dividida, una excesiva desigual, una alta discriminación y violencia, la Doctrina Social de la Iglesia nos ofrece una clara orientación para actuar siendo coherente con la fe que profesamos.

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