Mensaje de Pascua de Resurrección de Don Cristian Contreras Villarroel, Obispo de Melipilla

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DOMINGO DE PASCUA

Melipilla, 9 de abril de 2023

+ Cristián Contreras Villarroel

Obispo de Melipilla

 

Queridas familias, hermanas y hermanos en el Señor resucitado:

 

Ayer Sábado Santo ha sido es el día del gran silencio. Hasta ayer hemos acompañado a Jesús desde la Cena hasta el sepulcro, pasando por la hora dolorosa de la Cruz. En este caminar y en su propia persona, el Señor nos ha mostrado su solidaridad a la gente que sufre y que padece de tantas maneras. Él es “eterno contemporáneo de la humanidad”.

 

En años anteriores estos días nos mostraron a los enfermos y difuntos de la pandemia que sigue afligiendo al mundo. Nos mostraron a los seres humanos en gestación que luchan por nacer, a los que no pueden salir de su pobreza, a todo aquel que necesita de una mano amiga. Estos días nos muestran también una delincuencia cada vez más violenta y asesina, como han sufrido miembros de Carabineros de Chile. Vemos el drama que padecemos por las mafias de traficantes de drogas; la explotación de mujeres y la inseguridad que padecen las personas de bien, chilenos y migrantes. Por eso, estos días santos nos han señalado e invitado a peregrinar a las periferias del mundo y del corazón humano. Es la hora para responder “aquí estoy, Señor”.

 

Cristo resucitado nos invita a ser consecuentes con su enseñanza de que sólo se redime lo que se asume.

 

Este camino nunca se recorre en total soledad. Le pedimos al Espíritu Santo que nos encamine al sepulcro de la mano de la Virgen María. Ella se ha mantenido de pie junto a la cruz y ha experimentado el dolor de la espada que ha atravesado su corazón, como le fue anunciado por el anciano Simeón (Lc 2, 35). Con ella, en el fondo del sepulcro, siempre encontraremos a Jesús invitándonos a la vida. Gracias a Dios Padre, porque su Hijo Jesús nos ha mostrado que no hemos nacido para la muerte, sino para la vida.

 

De este modo, con la Vigilia Pascual de anoche, inauguramos el Domingo de Gloria, el día del Resucitado. Es el día del Señor, el día de la gracia, el día de la libertad. Un día para gozar el descanso y la comunión con toda la humanidad creyente, formando en Cristo un solo Cuerpo con un solo Espíritu.

 

En la Liturgia de la Vigilia Pascual, el Espíritu Santo nos hace renacer, una vez más. Cualquiera sea nuestra edad o condición hemos renovado nuestro Bautismo y recuperamos nuestra profunda dignidad. De pie y con el rostro resplandeciente nos unimos a Jesús que vence la muerte y que nos abre las puertas de la vida definitiva. Es el día por excelencia en que la misericordia de Dios Padre brilla en el Rostro de Jesús. Por eso proclamamos con el Papa Francisco que Jesucristo es el Rostro de la Misericordia de Dios. El Rostro que queremos admirar, bendecir y mostrar a la humanidad que muchas veces busca sin encontrar.

 

Mi invitación es que cada uno de nosotros, nuestras familias y comunidades entremos de lleno en estos días de la Pascua. Es el tiempo pascual. Seamos humildes como el hijo que regresa a casa después de haber malgastado los bienes de su padre. Y como él, recibamos el abrazo emocionado de nuestro Padre Dios que nos espera sin descanso. Seamos tan grandes como los niños que desean la bendición y la caricia de Jesús. Seamos amigos cercanos de Jesús como San Juan, capaces de reclinar nuestras vidas junto al corazón del Señor. Seamos tan acogedores como María, la Virgen, para que el Espíritu Santo nos haga sentir y gustar cómo el Espíritu Santo engendra la vida de Dios en nosotros. Es el Espíritu Santo que como a María nos mantiene enteros a la hora de la Cruz y nos impulsa a comunicar a otros todo lo que “hemos visto y oído” en estos días.

 

Seamos cada día como los discípulos de Emaús, que en el camino se alimentaron con su Palabra y lo reconocieron en la fracción del Pan. Que no pase un día sin contar y cantar la fe, la esperanza y la caridad que nos reúne. Y que no privemos a nadie de conocer, amar y servir al Señor Jesús, ni de dejarse abrazar cada día por la Misericordia de Dios.

 

Al igual que el día de Navidad, también hoy Domingo de Pascua es “día de paz y de amor”, de la Paz y el amor que nos trae Cristo resucitado con las huellas de su Pasión dolorosa y cruenta.

 

Recordemos las primeras palabras y el primer regalo de Cristo resucitado: “la Paz esté con ustedes”. La Paz es un gran don que invocamos en la Eucaristía: “Señor Jesucristo que dijiste a tus apóstoles: mi paz les dejo, mi paz les doy; no mires nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia; y conforme a tu Palabra, concédenos la paz y la unidad”.

 

La paz: necesaria para vivir reconciliados con Dios, con los hermanos y con nosotros mismos. Hay tantas personas que han recibido el perdón sacramental y que por desgracia no pueden perdonarse a sí mismas y no viven en paz consigo.

 

La paz es lo que deseamos para la humanidad. Que haya paz en el mundo, en Chile, en la familia. La paz, ese don que deseamos a nuestros difuntos: “que descansen en paz”. Salud, trabajo y paz es lo anhela la mayoría de las personas de bien. Este Domingo de gloria quiere regalarnos esa paz para poder vivir, para poder peregrinar, para amar a los demás, a los que están cerca y a los que están lejos.

 

Tengamos la certeza de la verdad que señala San Pablo: “si Cristo no ha resucitado, nuestra fe sería vana; y seríamos los más desgraciados de los hombres”.  Estamos aquí por el testimonio de las mujeres testigos de la resurrección, de la tradición de los Apóstoles, de la ingente nube de santos y mártires, de ayer y hoy.

 

María Santísima nos acompaña para ser testigos de la resurrección. ¡Feliz Pascua con Cristo resucitado!

Amén.

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