Nuestro Obispo, Don Cristián Contreras Villarroel llama a la compasión y a la cohesión social en Te Deum

Bienvenidos a la iglesia Catedral, la casa de todos, para celebrar un nuevo aniversario de nuestra Patria. ¡Es Chile que se viste de fiesta! Las familias se reúnen, las casas se engalanan y los barrios se recrean comunitariamente.

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Te Deum

Viernes 15 de septiembre de 2023

San Pablo a Timoteo 2, 1-8; Salmo 71; San Marcos 6, 30-44

UN LLAMADO A LA COMPASIÓN Y A LA COHESIÓN SOCIAL

+ Cristián Contreras Villarroel

Obispo de Melipilla

 

 

ES BUENO FESTEJAR

 

  1. Bienvenidos a la iglesia Catedral, la casa de todos, para celebrar un nuevo aniversario de nuestra Patria. ¡Es Chile que se viste de fiesta! Las familias se reúnen, las casas se engalanan y los barrios se recrean comunitariamente. A la entrada de la ciudad vemos una gran fonda. Hay ramadas y también en zonas rurales medialunas de rodeos. Podemos ver en estos días a los niños y jóvenes de colegios con sus atuendos de huasos y de chinitas, acompañados de sus padres y maestros que siguen transmitiendo la herencia recibida. El “18” nos hermana y es expresión de lo queremos ser: Chile un hogar para todos, también para nuestros hermanos que provienen de otras latitudes, huyendo de regímenes totalitarios, con la esperanza de tener mejores expectativas de una vida más plena.
  1. Y como es tradición en nuestra Comuna de Melipilla, y en las de todo Chile, las asociaciones, los colegios y las fuerzas vivas de servicio público desfilarán ante la ciudadanía y las autoridades. Más allá de las legítimas diferencias democráticas nos hace muy bien estar de fiesta y celebrar; y sobre todo tener a Dios presente y alabarlo por sus beneficios. Por eso cantamos Te Deum laudamus, es decir, “A Ti, oh Dios te alabamos”.
  1. La celebración del Te Deum del 18 de septiembre es el gran acto litúrgico y republicano desde 1811. Es una tradición querida por don José Miguel Carrera y los patriotas de antaño. Chile es un Estado laico, pero no de ideología laicista.

AGRADECER

  1. Aunque año a año repitamos los mismos gestos, cantemos nuevamente el Himno Nacional, entonemos y bailemos la cueca, asistamos a las fondas, al circo, nos entretengamos con nuestros juegos tradicionales: el volantín, la rayuela, el trompo, la carrera de ensacados; asistamos a los desfiles y veamos la Parada Militar, las fiestas patrias siempre nos recuerdan el paso de un año más, los momentos alegres y gozosos. Es un momento para hacer memoria agradecida por los dones recibidos y que no siempre somos capaces de percibir por la vorágine cotidiana. Por eso nos detenemos, contemplamos la vida y elevamos esta acción de gracias a Dios, pidiendo que nos siga sosteniendo en la construcción de una nación más justa, fraterna y en paz.
  1. Como Patria de hermanos nos alegramos esperando la inauguración del nuevo Hospital San José de Melipilla y también del Estadio Roberto Bravo Santibáñez. Como no agradecer a los trabajadores agrícolas, a los empresarios generosos, a las obras sociales de la Fundación “Fe y Solidaridad” de Caritas Melipilla: los Hogares de Ancianos en El Monte y en Llolleo, y sus dos Jardines Infantiles en el sector oeste de Melipilla. Agradecemos a Dios por el aporte de la diócesis en sus seis colegios: en Talagante, San Antonio, Llolleo y Santo Domingo. La labor de las religiosas en poblaciones pobres, en la Fundación “Las Rosas”, en la educación.

SABEMOS AMAR EN MEDIO EL DOLOR

  1. Muchas otras veces, a partir de situaciones dramáticas, vibramos con el sentimiento y el compromiso solidario que brota de nuestros corazones cuando hay que ayudar a quienes lo pasan mal. Como chilenos acudimos a auxiliar a nuestros hermanos que sufren los desastres naturales, pero duele que los niños que nacieron con capacidades distintas no tengan un tratamiento adecuado. Como chilenos hemos aprendido a amar hasta el extremo precisamente en medio del dolor.
  1. Pero tampoco podemos olvidar los dolores y las tristezas al momento de hacer memoria. Nuestras fiestas también están marcadas por el fallecimiento de seres queridos, por los problemas de salud, por crisis familiares, por la situación de los ancianos y sus pensiones, por la pérdida de cosechas y la falta de trabajo. Así es la vida, de dulce y de agraz. Transitamos por la existencia terrena esperando de celebrar eternamente en esa Patria Celeste a la que el Señor nos invita. Es la vida eterna, una que ya podemos pregustar en la Eucaristía. Así, cada año y cada fiesta es siempre distinta.
  1. Y este año no es la excepción. A nivel global poco sabemos de las masacres hacia comunidades por odio a la fe cristiana como sucede en África. También la persecución a la Iglesia en Nicaragua con exiliados, expulsiones como a las Misioneras de la Caridad de Santa Teresa de Calcuta, un obispo encarcelado junto a otros sacerdotes. Existen gobiernos totalitarios que obligan a miles de familias a emigrar en condiciones de nuevas esclavitudes. Constatamos una comunidad internacional incapaz de hacer valer el respeto por los derechos humanos y que, por el contrario, promueven el aborto. Pero veamos nuestra Patria, donde se siguen descubriendo organizaciones criminales que lucran con el drama humano y fundaciones corruptas.

RECUPERAR LA NOCIÓN DE PUEBLO Y BIEN COMÚN

  1. En este Te Deum, quiero reflexionar a partir del texto evangélico la multiplicación de los cinco panes y dos peces. Es Jesús que realiza el milagro movido por misericordia y compasión.
  1. Cuando las ovejas han estado sin pastor, buscando por sí solas su destino, han perdido aquella idea fundamental del “bien común” que hace de la comunidad humana un pueblo y no una masa humana.
  1. La diferencia entre un pueblo y una masa humana está en que el pueblo tiene una identidad vocacional, en nuestro caso el “alma de Chile”. Una masa, en cambio, es una agrupación impersonal, susceptible a todo tipo de manipulación ideológica y de populismos. A eso se arriesga en la Patria.
  1. La pérdida del sentido de bien común, y su sustitución por el bien individual y egoísta de ideologías totalitarias, ha llevado a que la sociedad se fragmente. Así, una multiplicidad de intereses particulares, bajo pretensiones de gran representatividad, pugnan con virulencia en el espacio público por ganar terreno e implantarse. Sucedió en la fracasada propuesta de Constitucional de septiembre del año pasado.

DICTADURA DE LA AGRESIÓN

  1. Vivimos una situación de anomia en nuestra sociedad, es decir, una realidad donde no se respetan las normas y las instituciones dejan de regular la vida en común. Lo hemos visto en estos días con grupos anarquistas, “los overoles blancos”, o delincuentes jóvenes utilizados por la mala vida organizada, que actúan con plena impunidad y no hay regulación por parte de las instituciones llamadas a resguardar la seguridad y la tranquilidad de las personas de bien.
  1. En la convivencia nacional hay pocos cuestionamientos éticos al modo de relacionarnos, al punto que se ha legitimado el “todo vale”: así se hace natural la descalificación pública, dejar al otro en ridículo, desde las máximas Autoridades de la nación, hasta el presidente de la Junta de Vecinos; desde el Profesor jefe de un curso, hasta el Carabinero que resguarda nuestra seguridad. Se permite postear falsedades en los blogs, levantar calumnias gratuitamente, hacer “funas”. ¿Y nos hace eso una mejor sociedad?
  1. Al parecer, solo estamos produciendo más irritación, enfrentamiento y desencuentro entre los chilenos. Nuestra convivencia social se parece a esas familias que, lamentablemente, no pueden sentarse a la mesa sin discutir y como se dice en buen chileno: “tirándose los platos por la cabeza”. ¿Hay algo más triste que las peleas al momento de compartir los alimentos? No queremos que nuestro amado Chile siga siendo esa tierra de desencuentro en que pareciera estar convirtiéndose.

UN PROYECTO UNIFICADOR DE JUSTICIA Y PAZ

  1. ¿Cómo es posible que todos quieran el bien del país y, al mismo tiempo, solo seamos capaces de agredirnos? Sentimos la urgente necesidad de redescubrir ese horizonte fraterno de un bien común que tenemos como nación, de encauzar nuestras fuerzas, morales y físicas, buscando un proyecto unificador, de justicia y de paz, que nos ayude a retomar una convivencia sana.
  1. Solo ese sentido de bien común nos permitirá recuperar nuestra cohesión social que está gravemente herida. El Señor Jesucristo, que es manso y humilde de corazón, y que se compadece de nosotros al vernos como ovejas sin pastor, nos señala el camino de reencuentro, el camino de volver a reconocernos como hermanos chilenos.

LA COMPASIÓN Y LA MISERICORDIA, CAMINOS DE ENCUENTRO

  1. Uno de los rasgos más propios de nuestro Dios, es la compasión. Ya desde el Antiguo Testamento contemplamos cómo el Pueblo de Israel se regocijaba en su Dios, “compasivo, clemente y misericordioso”. Dios que salía al encuentro de la comunidad cada vez que esta había perdido el rumbo, se había extraviado y necesitaba, humildemente, dejarse sanar por su Señor.
  1. El culmen de la compasión de Dios se revela en su propio Hijo, Jesucristo, Dios hecho hombre. El que haya asumido una naturaleza humana no es un dato casual de la historia de la salvación, sino la muestra más maravillosa de un Dios que quiso compartir todo con sus creaturas, menos el pecado. El hecho que el Hijo de Dios se haya hecho un hombre implica que conoció nuestros dolores y debilidades y, por eso mismo, pudo compadecerse de nosotros hasta el extremo de dar su vida por nuestra salvación. Renunció a su propio bien por el bien de toda la humanidad.
  1. La compasión es un ejemplo de Jesús Buen Pastor y, al mismo tiempo, una invitación a que lo imitemos. Nos hacemos compasivos del prójimo cuando nos ponemos en su lugar, pensamos en su situación existencial concreta y compartimos sus sentimientos. Eso es la compasión, sentir con la pasión y el drama del otro. Es mucho más que aquello que llamamos “lástima” y que suele hacernos cambiar de noticias cuando vemos algo que no nos complace o que nos golpea la conciencia maliciosamente.
  1. La compasión, y no la lástima, es la que nos ayuda a construir una verdadera sociedad cohesionada, porque nos impulsa a una solidaridad fraterna que se basa en el reconocimiento de nuestra común dignidad de hijos de Dios y hermanos entre nosotros. La compasión y no la lástima, por la mujer afligida, muchas veces agredida, y por la criatura que crece en sus entrañas, es lo que nos impulsa a seguir defendiendo el derecho a nacer de cada persona. Nuestra postura favorable a la vida desde su concepción hasta su muerte natural es el grito más profundo de nuestra fe y de nuestra experiencia de acompañar a tantas personas heridas profundamente y arrepentidas por haber tomado malas y falsas decisiones.

UNA MIRADA INTEGRAL PARA RECUPERAR LA AMISTAD CÍVICA

  1. La compasión también nos ayuda en el diálogo social a moderar nuestras expresiones y nuestras diferencias y críticas en un modo más caritativo y cristiano. La compasión nos ayuda a ver que aquel que piensa distinto a mí no se reduce solo a ese punto que nos diferencia, sino que es una persona con más dimensiones. Dos políticos que se enfrentan, dos profesores que debaten, dos vecinos que discuten, son mucho, muchísimo más que sus puntos de desencuentro. Estoy seguro de que todos poseemos más hechos e ideas que nos unen que asuntos que nos dividen y separan.
  1. La mala convivencia política y social nos ha hecho acostumbrarnos a reducir a nuestros interlocutores a sus defectos y debilidades. ¡Mirémonos nosotros mismos, miremos a nuestras familias! ¿Somos perfectos? ¿Son perfectos los hijos, hijas, los matrimonios, los amigos y amigas? ¡Ciertamente que no! Y no por eso dejamos de amarlos y respetarlos. Jamás se nos ocurriría reducir a nuestros seres queridos a sus defectos. No lo hagamos tampoco con quienes piensan distinto.
  1. Al contrario, sin obviar las diferencias y hasta errores evidentes de los demás, mirémoslos en la integralidad de sus personas, como hijos de un mismo Padre. Mirémonos unos a otros con la mirada llena de compasión y misericordia con que Dios nos mira y nos perdona cada día. Y a partir de ese ejercicio de acogida, descubramos aquello de bueno y verdadero que hay en quien piensa distinto.
  1. Es el bien común que nos permitirá cohesionarnos nuevamente, un bien común que podrá redescubrirse y vivirse con la ayuda del Evangelio del Señor, que es perdón, acogida y apertura a la gracia, al encuentro y a la novedad que nos trae el hermano.
  1. La paz no consiste en acallar los disensos legítimos, sino que presupone un espacio de libertad y libertades cuyo marco de referencia ha de ser siempre la dignidad de la persona. La paz no esquiva los conflictos, sino que los asume desde la humanidad, como nos recuerda el Papa Francisco: “ante el conflicto, algunos simplemente lo miran y siguen adelante como si nada pasara, se lavan las manos para poder continuar con su vida. Otros entran de tal manera en el conflicto que quedan prisioneros, pierden horizontes, proyectan en las instituciones las propias confusiones e insatisfacciones y así la unidad se vuelve imposible. Pero hay una tercera manera, la más adecuada, de situarse ante el conflicto. Es aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso. ¡Felices los que trabajan por la paz!” (Evangelii Gaudium, 227).
  1. En una homilía de años atrás propuse hacer una fotografía a la esperanza, teniendo como imagen el desierto florido. Invito a las comunidades eclesiales, a las familias, a realizar una fotografía de cómo vemos a Chile hoy, y cómo podemos ayudar a dar esperanza a nuestro Chile.
  1. Pidamos al Señor, por intercesión de la Virgen del Carmen, Madre de Chile y protectora de la ciudad de Melipilla, y a San José, nuestro patrono, que los constituidos en autoridades en Chile den pasos decididos, para lograr acuerdos básicos desde la amistad cívica y la protección de los más débiles. Vale la pena el esfuerzo, por el bien de Chile. Nos anima la certeza del salmista: “El amor y la Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán” (Salmo 84). La Iglesia está al servicio de este ideal.

Es lo que pedimos para nuestro Chile, desde nuestra hermosa diócesis de Melipilla.

 

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