PATRICIO ALMARZA: UN TESTIMONIO DE FE VIVIDO EN JUEVES SANTO

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En la comunidad de Mallarauco, perteneciente a la parroquia Nuestra Señora de la Presentación, el rostro sereno de Patricio Almarza es conocido por todos. Su presencia constante en la misa, su participación activa en las celebraciones y su mirada agradecida hacia la vida hablan por sí solas. Pero detrás de esa mirada hay una historia profunda de dolor, esperanza y fe vivida con intensidad, especialmente en torno a la celebración del Jueves Santo.

 

Patricio no es nuevo en la comunidad: participa con compromiso durante todo el año, pero esta Semana Santa tuvo un sabor distinto. Hace ya cuatro años, su vida cambió radicalmente tras sufrir un accidente de trayecto, mientras regresaba del trabajo a casa. “Me atropelló un auto y estuve casi seis meses hospitalizado, en plena pandemia”, recuerda. La soledad de esa etapa fue tan cruda como el diagnóstico: a los cuatro meses y medio le informaron que debían amputarle una extremidad.

 

“Ese fue el momento más duro, más grave para mí. Pero me aferré con todas mis fuerzas a Dios. Esa noche recé con fe, con esperanza, como nunca”, relata. Al día siguiente, cuenta, amaneció con una paz que no puede explicar. “Como si no hubiera pasado nada. Tenía claro lo que venía, pero lo tomé con la fortaleza que solo Él pudo darme”.

 

Durante su hospitalización, no pudo ver a su familia. “No dejaban entrar a nadie por la pandemia. Lo único que me quedaba era rezar, encomendarme. En la parroquia de Vallenar rezaban por los enfermos todas las noches. Yo sabía que me estaban nombrando. Eso me sostuvo”.

 

Su testimonio cobra aún más fuerza cuando se le ve, hoy, participando activamente en la vida de la Iglesia. Esta Semana Santa no fue la excepción. Estuvo presente desde el Domingo de Ramos y el Jueves Santo participó del lavatorio de los pies, en la Misa que recuerda la Última Cena. “Acompañar al Santísimo es algo que llevamos en el corazón”, dice con emoción.

 

También ayudó a leer la Pasión el Viernes Santo, cargó la cruz en el Vía Crucis y participó en la adoración de la Cruz y la Vigilia Pascual. Todo, con una gratitud profunda: “Gracias a Dios estoy con vida, con salud. Nunca he renegado de lo que me pasó. Y tampoco me creo un católico ‘a mi manera’. Me considero un católico comprometido, junto a mi señora, con quien hemos pasado muchas cosas, pero siempre saliendo adelante”.

 

Hoy, Patricio ha vuelto a trabajar, con una nueva prótesis y una esperanza renovada. Su cuerpo recuerda el accidente, pero su alma irradia vida. “Este testimonio lo doy con humildad. Si a alguien le sirve, vale la pena contarlo”.

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